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  • Foto del escritorMarta Morán

¿Por qué es importante practicar la responsabilidad afectiva en nuestras relaciones?

El concepto de ‘responsabilidad afectiva’ está cada vez más presente en la sociedad a través de la divulgación en redes sociales, pero, ¿sabemos realmente qué significa tener responsabilidad afectiva? ¿En qué tipo de relaciones es importante practicarla, y por qué? ¿O cómo hacerlo?


En una época en la que damos mucho peso a lo individual, es necesario recordar que no estamos solos en las relaciones, que lo que decimos y hacemos tiene un efecto en el otro, y es nuestra responsabilidad tenerlo en cuenta y actuar en base a ello. Ser conscientes de cómo afectamos a los demás, y dar importancia a las emociones y necesidades de la otra persona sin dejar de lado las nuestras, es lo que se llama responsabilidad afectiva.


Qué es la responsabilidad afectiva

“Tener conciencia de que las relaciones y los vínculos que se crean en ellas están formados por varias personas, no solo por nosotros mismos, y que todas las personas implicadas tienen sentimientos y necesidades.” Como vemos por esta definición, aunque el término ‘responsabilidad afectiva’ es relativamente reciente, el concepto al que se refiere lleva existiendo toda la vida: se trata simplemente de tener en cuenta al otro, como un ser humano con sus propias emociones y necesidades.


Tener un respeto y empatía básicos hacia la otra persona, y entender que nuestro comportamiento tiene un efecto en ella, del mismo modo que su comportamiento tiene un efecto en nosotros. Practicar la responsabilidad afectiva supone actuar en base a esto, y mantener un equilibrio entre tener en cuenta tanto nuestras emociones y necesidades como las de la otra persona.


¿En qué tipo de relaciones es necesaria la responsabilidad afectiva?

La respuesta es clara: en todas. Es común pensar que la responsabilidad afectiva se refiere únicamente a las relaciones de pareja o a las relaciones sexoafectivas, pero no es así. En cualquier tipo de relación: sexoafectiva, de amistad, familiar, con compañeros de trabajo… Es necesario tener en cuenta a la otra persona, y los efectos que nuestro comportamiento tiene en ella. Cada vez que dos personas interactúan hay emociones implicadas, y es importante contar con ellas.


Es cierto que en las relaciones sexoafectivas puede tener una especial importancia, ya que en ellas están todavía más presentes las emociones de ambas personas, y hay muchos momentos en los que tener responsabilidad afectiva o no, marca una diferencia crucial: por ejemplo, a la hora de decidir dejar de ver a una persona con la que tenemos una relación de este tipo, podemos decírselo (lo que supondría tener responsabilidad afectiva) o hacer ghosting (no decir nada y simplemente dejar de responderle, que sería lo opuesto a tener responsabilidad afectiva).


¿Por qué es tan importante practicarla?

Tratar a los demás con responsabilidad afectiva, o en otras palabras, con respeto y empatía, es importante porque hará que se sientan tenidos en cuenta, que sientan que damos valor a lo que sienten y a lo que necesitan: en definitiva, se sentirán tratados como personas humanas y valiosas.


Del mismo modo que es necesario practicarla para con los demás, es importante que busquemos que la tengan con nosotros: la responsabilidad afectiva debe darse en ambas direcciones, esto es la base de cualquier relación sana.


Cuando tratamos al otro con responsabilidad afectiva hacemos más probable que el otro también nos trate de esta manera, y que se genere un clima de seguridad y confianza que nos ayude a sentirnos bien con nosotros mismos y con la relación.


¿Con qué no debemos confundirla?

Con poner al otro por delante de nosotros: tener responsabilidad afectiva supone tener en cuenta las emociones y necesidades de la otra persona, pero eso no significa olvidarnos de las nuestras. Por ejemplo, tener responsabilidad afectiva no es guardarme lo que yo necesito para hacer lo que necesita el otro a costa de mi bienestar, sino poder expresar lo que necesito y que la otra persona también lo haga, e intentar llegar a un acuerdo entre ambos.


Con callarnos cómo nos sentimos para no hacer sentir mal al otro: por ejemplo, tener responsabilidad afectiva no es guardarme cómo me siento o si algo me ha sentado mal, para evitar así que la otra persona se sienta mal; es decirle cómo me siento o lo que me ha molestado de forma respetuosa, cuidando cómo esto le puede afectar, para que podamos hacer algo al respecto.


En relaciones sexoafectivas, con ‘querer algo más’ con la otra persona: es común pensar que la responsabilidad afectiva es sinónimo de que hay sentimientos ‘más allá’ (por ejemplo, pensar que si estamos en una relación de sexo sin compromiso no hace falta practicar la responsabilidad afectiva, que eso es propio de relaciones ‘más serias’).


La responsabilidad afectiva es algo básico, es tener en cuenta a la otra persona y tratarla con respeto, no significa nada más que eso. De modo que, si una persona con la que tenemos un rollo nos pide responsabilidad afectiva, no significa que quiera algo más con nosotros, sino que quiere que nos tratemos como los seres humanos que somos.


En qué consiste tener responsabilidad afectiva

Como hemos dicho, tener responsabilidad afectiva no es otra cosa que tratar a la otra persona con respeto y empatía, dando importancia a lo que siente y a lo que necesita. Si no tienes claro cómo ponerla en práctica, aquí te dejamos algunos puntos clave:


  1. Sé honesto, expresando en cada momento lo que sientes: Una parte importante de la responsabilidad afectiva es expresar lo que nos ocurre: decir con sinceridad si algo nos ha molestado, hablar honestamente de cómo nos sentimos con la otra persona, de cuáles son nuestras intenciones respecto a la relación, de qué queremos o necesitamos. Compartir todo esto con la otra persona, para que ella pueda conocerlo y actuar en consecuencia.

  2. Utiliza la comunicación asertiva: Es necesario expresarnos con sinceridad, pero no podemos hacerlo de cualquier manera. Debemos recordar que lo que decimos y cómo lo decimos, tiene un efecto en la otra persona y en sus emociones. Por ello es importante que nos comuniquemos de forma asertiva, hablando desde el respeto y cuidando cómo creemos que se sentirá el otro con lo que le estamos diciendo, del mismo modo que nos gustaría que hicieran con nosotros.

  3. Permite que la otra persona también se exprese de forma sincera: Es clave generar un espacio en el que la otra persona también sienta que puede expresarse con sinceridad y libertad, que puede decirnos cómo se siente, lo que necesita, lo que le gusta o lo que le molesta. Para ello, será determinante cómo reaccionemos cuando el otro nos exprese algo así: si nos mostramos abiertos y tratamos de comprender y apoyar a la persona, le estaremos enseñando que con nosotros tiene un espacio seguro.

  4. Ten en cuenta que en toda interacción ya no estás solo: Lo que decimos y hacemos, y lo que no decimos y no hacemos, tiene su efecto en la otra persona, y viceversa. Comprender esto, y tener la voluntad de que exista responsabilidad afectiva de forma bidireccional, es la base de una relación saludable. Así, intentaremos cuidar al otro y buscaremos que el otro también nos cuide a nosotros, y podremos sentar las bases de una relación sana.

  5. Evita las conductas que supongan falta de empatía, o que no te gustaría que hicieran contigo: Sobre todo en relaciones sexoafectivas, encontramos algunas conductas que cada vez están más presentes y que muestran una total falta de empatía hacia la otra persona: es el caso del ‘breadcrumbing’ (aparecer y desaparecer sin avisar a la otra persona ni ser claros con nuestras intenciones en la relación); del ghosting (cortar una relación sin avisar a la otra persona, simplemente desapareciendo y dejando de responder); o del slowfading (salir de una relación sin decirlo de forma clara, mostrando poco a poco menos interés en la otra persona). Este tipo de conductas son lo contrario a tener responsabilidad afectiva, y si queremos tratar bien a la otra persona, deberemos evitarlas.


Conclusión

La responsabilidad afectiva puede no ser siempre fácil de practicar, pero con las estrategias adecuadas puedes aprender y gestionar de una mejor manera tus relaciones. Aprende a comunicarte y a permitir que la otra persona también lo haga, ten en cuenta el efecto que tus palabras y acciones tienen los demás, y actúa en consecuencia. Recuerda que estas son habilidades que se pueden entrenar y mejorar, con un pequeño esfuerzo, disfrutarás de relaciones más sanas y satisfactorias.











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